La Escritora nos habla sobre esta publicación

                Julio César Cardona, alias Cuajada, alias conde del jazmín fue un personaje que atrajo la curiosidad de los quindianos por buena parte de la primera mitad de siglo. La imagen del hombre que vino por el camino de Calarcá, continúa alimentando la imaginación de los que presenciaron alguna vez a ese espíritu burlón en plena acción.

                Ahora con la nueva producción - en su edición norteamericana - del relato de Gloria Chávez Vásquez (revisada y aumentada) el conde parece cobrar vida para seguir dando que hacer a las mentes imaginativas. El libro, de 136 páginas,  acaba de ser publicado por Herencia Books, una editorial especializada en la narrativa de autores que como la escritora colombiana, aportan a la riqueza cultural hispanoamericana con sus historias. 

                Gloria Chávez Vásquez reconoce haberse inspirado de la misma manera que el personaje de Amanda en uno de los capítulos de Cuajada. "Yo tenía unos cuatro años cuando ví por primera vez al conde pasar por la calle frente a mi casa. Desde entonces jamás pude borrar aquella imagen de mi mente: un hombre vestido de manera inusual, con una sonrisa misteriosa, seguido de niños y de adultos." El magnetismo de Julio César Cardona no podía pasar desapercibido así como así por la niña que después se convertiría en escritora.

                Lo mas curioso de este encuentro que trascendió el tiempo y la distancia, es que  pasó a convertirse en el ícono con el que la autora de Cuajada representaría mas tarde la antítesis de una sociedad en conflicto con su propia naturaleza.

¿Qué hay de particular en la historia de Julio César Cardona, como para que ud. decidiera dedicarle un libro?

R/

Su personaje del conde fue un suceso extraordinario en un pueblo que se convirtió en ciudad casi prematuramente. Los fundadores poblaron a Armenia poseídos por un gran ímpetu. Julio César Cardona llega al Quindío desde su tierra natal, Manizales, cargado de una experiencia que compartió con los armenios de una manera muy original. Pero contrario a muchas otras locuras, la de Cardona era una locura creativa. Quizás en su vida íntima no lo fuera tanto. Talvez, el individuo se debatiera a brazo partido con sus demonios, pero lo que es a la sociedad donde vivió le ofreció un aspecto positivo, casi mágico. Pregúntele a los niños que lo vieron pasar o que formaron parte de ese séquito cómico en el que marchaba Cardona representando uno de los muchos papeles que interpretó periódicamente y a lo largo de su vida.

¿Por que cree que le dejó a usted tan honda huella?

R/

A lo mejor porque al verle por primera vez, la impresión constituyó en principio un misterio que traté de explicarme a medida que crecí y viví. La explicación se fue hilando de una manera lógica. Lo que al comienzo solo podía explicarse como un producto de la fantasía, se tornó ciencia a medida que la educación cobró su efecto. Cuando estudié sicología de lo anormal, entonces pude entender muchas cosas. Por otra parte, y cuando comenzó a formarse el libro, empecé a ver detrás del personaje de Cuajada toda una simbología. Cuajada era como un catalizador, como un lente refractario, frente al cual estábamos todos los habitantes del lugar donde él vivió.

Cuajada es un libro crítico de la violencia.

R/

En sumo grado. Julio Cesar Cardona, un hombre pacífico comparte lugar y tiempo con los eventos mas violentos de nuestra historia. Mientras la gente lo tilda de loco, hay hombres destruyendo a otros, víctimas del odio, del rencor, de un síndrome que parece engranado en nuestra manera de ser, en nuestra naturaleza. Yo comprendí mucho sobre el origen de la violencia escribiendo ese libro.

¿Cree usted que la violencia es un problema cultural o natural?

R/

Para mi la violencia es una expresión de las frustraciones de la gente, exacerbadas por las pasiones, los eventos y la ingestión de químicos como el alcohol, la coca, y hasta el esmalte de uñas. Los quindianos son gente apasionada y creativa, sin embargo, el hecho de que muchas personas, por una razón u otra no aprenden a canalizar esas fuerzas vitales, hace que a la primera oportunidad -una rencilla, una pelea, un disgusto - la persona quiera, como decimos, matar y comer del muerto. Es como si regresáramos a lo básico, a lo instintivo. Como si nos convirtiéramos en fieras. Este es un estudio, un conocimiento que las personas debemos aceptar para aprender a controlarnos, a ser menos destructivos, a propiciar mas el diálogo y empezar a vivir en paz, primero con nosotros mismos y luego con los demás. 

Uno de sus personajes piensa que una de las razones para que los quindianos sean tan reactivos es el café, ¿opina usted lo mismo?

R/

Yo crecí oyendo especular sobre los efectos del café en el ánimo de la nación en general. Talvez la combinación de cafeína, monocultivo y precios cafeteros sea una fórmula un poco explosiva.   

¿Cuál sería la solución? 

R/

Cuando visité a Colombia hace dos años ví que ya habían agricultores sembrando una variedad de productos atraídos quizás por los precios de la exportación. Si se siembra pensando primero en las necesidades nacionales y después en los lujos del mercado exterior esa es una solución, pero si por el contrario eso promueve el alza de precios y la escasez de productos agrícolas, entonces el remedio ha sido peor que la enfermedad.

¿Cuánta fidelidad hay en su relato?

R/

La que permiten los recuerdos, los testimonios de la gente. En realidad Cuajada no pretende ser una biografía del hombre ni de los habitantes de Armenia. El relato es un híbrido encaminado a ilustrar el conflicto de un hombre que convirtió en espectáculo su tragedia y que vivió el resto de su vida en medio de un ambiente que puede considerarse en ciertos aspectos también, de locura.

¿Por qué ha despertado Cuajada el interés de lectores de otros países?

R/

Porque para personas de otras nacionalidades, Cuajada es una novedad. Un personaje que retrata y refleja la idiosincrasia y los problemas de un pueblo, no ya el armenio solamente sino también el colombiano. Cuando un lector de otro país lee a Cuajada, de inmediato se lanza a la búsqueda en su memoria de sus loquitos propios. Algunas veces los encuentran, como los cubanos en su colorido Caballero de París (que según dicen era francés)  pero en otras ocasiones su folclor carece de lo que nosotros los colombianos tenemos por montones, es decir, locos narradores, locos dramáticos, locos artistas, locos pero no brutos. Eso como que va a demostrar mi hipótesis (basada en la de otros tal vez) de que la locura, la violencia y la creatividad están muy conectadas entre sí. 

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