LIBROS DE CUENTOS
DEPREDADORES DE ALMAS


 

DEPREDADORES DE ALMAS
CUENTO
Mención Honorífica Certamen literario Internacional
Circulo de Escritores y Poetas Iberoamericanos
Nueva York
Copyright 1999

"Locura es tratar de encontrar la simetría del caos en el universo"

Vanessa Yin estaba segura de haber hallado la clave que le ayudaría a resolver el misterio que envolvía la muerte de su hermano. Chris había venido a USAmerica en plena adolescencia para trabajar y hacer realidad sus sueños, pero había muerto con la idea de que la tierra de las oportunidades no era más que un cruel espejismo creado por  depredadores de cuerpos y de almas  para desarticular sus propias pesadillas.

A su lado, silenciosos, aguardaban Santo y Kira. Los había invocado mas de una vez para que fueran testigos del terror. Solo el Enmascarado de Plata y la Maga Blanca eran capaz de entender la culminación de aquella experiencia que atormentaba su alma desde niña. Ellos, los conocedores eternos de sus combates con la araña, devoradora de hombres y mujeres, depredadora de niños y animales.

            El resultado del encuentro era siempre predecible. En sus sueños, en sus recuerdos, en su imaginación, en la vida real. Todos sus instintos entraban en estado de alarma en el instante en que imaginaba la aventura. El viaje habría de ser tan horroroso como aquel que le había costado la vida a Chris. El pánico, redimido solo por el recuerdo del abrazo de su hermano adolescente tratando inútilmente de detener su miedo durante la caída enloquecida en la montaña rusa.

La suya había sido una caída larga, desesperada, como la de Alicia cuando se precipitó en el foso. Imposible el regreso, desconocida la llegada. Temiendo que cuando llegara al fondo, saldría al otro lado del mundo donde la gente andaba de cabeza y se comunicaba en otras lenguas.  Ignorando si todo ese sufrimiento, los malos ratos,  aquella locura nunca vista, sentida, vivida, serían la semilla de algún fruto. De un fruto amargo, quizás, inesperado, talvez poco usual, para algunos una nadería, pero para ella, - que había combatido molinos internos, retado a las fuerzas infernales, resurgido de las cenizas, - fruto al fin. La respuesta al enigma que lo había comenzado todo.


Su memoria  la situó allí, en el recuerdo de aquella galería tenebrosa que había perturbado de tal manera su espíritu, su imaginación, sus sentidos que, como Pandora, no había vacilado en abrir la caja en busca del misterio que la enfrentaría, cara a cara, con las oscuras fuerzas que emanaban los dantescos cuadros.

Las imágenes caleidoscópicas, fragmentadas y colocadas en una simetría compulsiva, obsesiva, atormentante, carecían de luz, se movían en las sombras, hablaban de la muerte violenta, del fracaso en la vida, de la miseria humana. Todo el sufrimiento del mundo reflejado y listo para cegar la vista, y despedazar el alma y los sentimientos del osado curioso que se creyera poseedor de la voluntad para disuadir monstruos a punta de palabras nobles.                                         

Los collages le inocularon una fascinación semejante a la que debió experimentar su hermano al detectar a su depredador. En el preciso momento en que había comenzado la danza a muerte: la vigilancia incansable, la persecución inclemente, la seducción engañosa, la posesión humillante que consume cuerpo y alma. Vanessa creyó ver en aquellas criaturas agobiantes, el simbolismo de una locura que evadía toda interpretación.

No, no encontró ningún talento. Ninguna originalidad. Como si el pretendido arte no fuera más que una farsa. Era la habilidad para el engaño, el hilo con que su artesana tejía la obra para atraer, envolver y cautivar a su audiencia lo que constituía la creación. Era la desastrosa realidad, de colores mohosos o visiones tenebrosas, del ser impío que, grita en un silencio interno, mientras arrebata las fuerzas vitales del observador, dejándole en estado de trance, expuesto a la voluntad de un amo sin escrúpulos.

Poder explicarse la motivación del individuo que como vampiro succiona la energía ajena, y levanta luego la mano empuñada, maldiciente, con la ingratitud soez del espíritu rabioso. Descubrir los hilos que movían al autor de aquella obra, ese era el reto. 


Y sí. Sarah Jahn, tiraba al mundo aquellas imágenes insípidas, incoloras que llamaban poderosamente la atención por la manera metafórica pero arrogante y enfermiza de presentarse al público. La selección de colores, limitada al negro, blanco, sepia  y gris, daban a sus exhibiciones  un aire necrológico.  

A la primera invitación y en busca de las pistas que solo la depredadora de su hermano podía darle, Vanessa penetró - cautelosa pero intrigada - en aquel espacio lóbrego y prohibido, una especie de cuarto oscuro en donde se revelaban las dolorosas imágenes. Los empolvados estantes, obsesivamente atestados de libros, la música oscura y afligida azotando los sentidos. Residuos de explosiones de furia incontenible evidentemente provocada en los encuentros con sus presas.

La cronología de la trayectoria de Sarah Jahn, estaba malamente disimulada en sus piezas de arte. En ellas adjudicaba, tamaño, forma, color y posición de acuerdo con sus temas. Talvez, _pensó Vanessa_ de ese modo puede alegar, en caso de ser expuesta, que sus crímenes tienen una motivación " artística."   Y con esa misma condescendencia se atrevería a exponer en exhibiciones colectivas o individuales.

Muy pronto supo que las exposiciones de Sarah eran siempre facilitadas por sus presas de turno, reforzando así el mensaje turbio que cautivaba las almas rumbo a su autodestrucción.  Vanessa creyó ver entre la audiencia, los fantasmas desolados de todas aquellas personas desangradas por la  mujer que posaba ahora como artista. 

Por obra y gracia de Kira, quien le había enseñado a desarrollar el poder de la telepatía, a Vanessa le fue posible descifrar la obra a través del pensamiento de su misma autora.

            Fue así como supo que Sarah había sido iniciada en el cuarto oscuro de Nick su hermano, a los once años ayudante de fotógrafo y despiadado depredador sexual. De la experiencia no había más huellas que su ninfomanía incontrolable, el resentimiento desesperado hacia sus padres, su hermano, su odio acendrado por si misma y el resto de la humanidad  y su vengativa compulsión por capturar en imágenes los resultados de sus encuentros depredadores. De haber existido la inspiración,  su primer cuadro hubiera sido sin duda, el compendio de su personalidad fragmentada en infinidad de partículas girando en torno a una enorme máscara. 

Para su segunda lección, el destino  le eligió,  un depredador/víctima, cuyo grupo racial había sido tradicionalmente humillado por la sociedad antropocéntrica de donde provenía Sarah y por tanto poseía el mismo mecanismo defensivo que ella. Fue de él quien aprendió, irónicamente, a proyectar en collages  el rencor hacia su propia raza.   La breve asociación de dos individuos de cerebro reptileano, había dado como resultado la creación de una tercera persona, representada apologéticamente en un mural sepia, y cuyas fotografías del mismo color, serían el monumento a sus mutuas locuras. Sarah había tratado de atrapar a Malcolm, pero había terminado por enredarse en sus redes y caer en las de él. El odio subsiguiente, dirigido específicamente a Ariadne, el producto de su fracaso,  fue desde entonces su perenne compañero.

Ya para su tercera composición, se manifestó el terrible abuso emocional  del que había hecho objeto a su primera víctima. El tema, justificaba su autora, era la "catarsis" del dolor de un ser que "se había precipitado al abismo."   Su cuarto cuadro vino a  representar entonces la tragedia resultante de su  inescrupulosa manipulación del aura ajena,  con  lo cual había provocado el suicidio de su presa. A estas imágenes se añadió luego  la serie de ataques egocéntricos, en la que Sarah se autoretrató hasta la saciedad, culminación de la cual era la enorme foto de su "budesco" vientre y del cual había suprimido, por medio de trucos de revelado, su propio ombligo. 

El portafolio artístico de Sarah Jahn, era, pues, una evidencia clara de su alienación total, de su pasión por la cacería humana; un archivo de fetiches arrancados a las víctimas. Uno de esos "trofeos" había sido el botín compartido con un depredador/ amante. Su  recompensa (por compartir la presa) había sido un alto cargo ejecutivo en la organización en la cual su compañero de caza era director. Un mural  reciente, reflejaba en toda su violencia, la tragedia familiar que Sarah había provocado en su manía seductora.

 


Con los días, Vanessa logró discernir un cierto orden en aquel caos. Consistía el modus operandi de Sarah, en fotografiar la víctima  durante su relación desintegradora. Logrado el propósito, despedazar la imagen  reduciéndola a una serie infinita de figuras geométricas. En una antigua Singer,  Sarah las zurcía, como un Frankestein ansioso de dar  vida a su burda creación. 

A medida que avanzaba en su destreza depredadora, y tras consumir la víctima,  Sarah se apropiaba de las características de su presa: sus modismos, su manera de vestir, sus talentos y habilidades. Para almacenar su nutriente, la mujer araña seguía un patrón de seducción constante, mediante el cual le era posible escoger  una nueva presa - de entre su perenne lista de espera - en el momento deseado.

Su obra en progreso, la que perpetuaría  la destrucción emocional y luego física de Chris, había sido orquestada por Sarah con la doble intención de atrapar y detener así a  Vanessa, que con sus pesquisas, entendía cada vez mejor el  mecanismo de su peligrosa red. Antes que admitir su derrota, Sarah inició un prematuro ataque, con la solemne intención de vejar al máximo el espíritu de Vanessa, antes de programar su autodestrucción, tal y como lo había hecho con su hermano.

Quiero enseñarte una composición  relacionada con el problema sicológico de Chris_ dijo sabiendo que la curiosidad de Vanessa la hacía irresistiblemente vulnerable.       

_Ten cuidado _le advirtió la maga, sugiriéndole que invocara la protección cabalística de los cuatro arcángeles.

_No te preocupes_  le contestó Vanessa, _ es demasiado pronto para que Sarah se atreva a hacer nada. Esta es una gran oportunidad para saber que cosas tiene de mi hermano.


Vanessa reconoció que había subestimado la degradación de aquel espíritu después de tomar el té que le había preparado Sarah.

_ ¡Ah!- exclamó, la lengua pesada y los ojos desenfocados _ ¡ésta es la manera como  mesmerizas! Y todo el tiempo pensé que se trataba realmente de un poder mental tuyo.

Sarah lanzó una ruidosa carcajada _ ¡brillante deducción! Lástima que no puedas saborear la sopa que a tu hermano le gustaba tanto. Y procedió a apagar las luces para, encender una enorme veladora negra y preparar su equipo fotográfico.

Haciendo un esfuerzo por mantenerse despierta, Vanessa se encaminó hacia la puerta, pero la figura ruda y pesada de Sarah se interpuso, empujándola hacia el tapete colocado allí expresamente para la ceremonia o sacrificio. Su mente se debatía ahora entre el  letargo y la desesperación. Fue sin embargo tirada en el piso, que Vanessa pudo ver el orificio que daba al sótano y a través del cual se escuchó un  aullido espeluznante. Antes de que Sarah pudiera impedirlo, pegó su cara contra el suelo para ver en toda su magnitud las siniestras sombras que, como demonios y fieras enloquecidas trataban de salir de su encierro.

_¡Kira, Santo!_ invocó a sus amigos. Con fuerza inesperada, se incorporó para enfrentar a Sarah que comenzaba a disparar su cámara. Vanessa entendió por fin la forma como esta mujer despojaba a las víctimas, de su voluntad, de su pasión por vivir. Era su manera de alimentarse, de renovarse ella, de continuar aferrada a una vida que hacia rato no le pertenecía.  Aterrorizada, Vanessa sintió la enorme red de sombras y energías oscuras envolver su cuerpo.

-¡El espejo Vanessa, el espejo!_ escuchó en su mente la voz de Kira, cuando ya la mujer araña la había atrapado en su red y le inyectaba en su pecho el aguijón ponzoñoso.  Un ardor punzante, insoportable, que emulaba el dolor de la muerte, se apoderó de su corazón.   A esa pena se añadió el efecto que comenzaba a tomar lugar en su plexo solar: la succión de su energía vital. Unos segundos más bastarían para causarle la muerte o la demencia.

Imposibilitados en su dimensión espiritual para ayudarla físicamente,  Santo y Kira proyectaron su energía en  Vanessa, auxiliándola con las fuerzas suficientes para  incorporarse y utilizar el espejo como escudo. Temían ellos que ya fuera     demasiado tarde.

-¡Haz un esfuerzo sobrehumano! ¡Tu no perteneces a su mundo! -le gritó Santo.

En la mente afiebrada de Vanessa comenzaba a confundirse la luz  lunar con la del túnel eterno, cuando vio aparecer la figura de su hermano, extendiéndole sus brazos juveniles, evocando el momento en la montaña rusa. De un solo movimiento, Vanessa asió el espejo que tenía delante, uno antiguo, bordeado por cristales de vitral, semi-olvidado en el desorden del aposento.                                                

Le pareció que levantaba el mundo con sus manos. Sus brazos estaban encalambrados. Su cuerpo anclado, a duras penas respondía la orden de su mente. Aferrada a la visión de  Chris como única brújula, Vanessa logró enderezar el artefacto y colocarlo en posición tal que se interpusiera entre la sanguijuela humana y ella,  como un resguardo, la superficie decidida frente a la cara de la medusa.

En ese preciso instante, el pasado de Sarah desfiló ante sus ojos. Un pasado cenagoso, formado de lodo y piedra. Fue entonces claro en la lógica de Vanessa, que la pasión depredadora de Sarah en vidas pasadas, había terminado por degradar su espíritu. Como amante, ladrón o inquisidor, había violado una y otra vez el derecho de sus víctimas al silencio. Se había ensañado en la humillación para reducir la humanidad de las personas, decepcionando, desilusionando, traicionando la confianza ajena. Una serie de imágenes denunciaba sus artimañas favoritas. La colección estaba sellada por su cara, superimpuesta al cuerpo de una rata gris, enorme, peluda, cuya cola colgaba como una trenza debilucha.

Horrorizada por  la  reflexión de su  propia  ira, su  rostro constreñido y apariencia diabólica, Sarah  lanzó un gemido ahogado por la saliva. Por primera vez tuvo frente a si, en toda su dimensión, a su espíritu destructor. En su histeria, la mujer clavó el aguijón en su corazón, descargando en él todo su veneno milenario. Vanessa la vió revolcarse como un insecto en medio de los estertores de la muerte. Del orificio en el piso, vio salir las sombras deprimentes de centauros diabólicos, aún  ligados al hilo infinito de la red, ahora destejida, para finalmente desaparecer con el alma atormentada.

                                               


Ahora, junto a sus mentores, Santo y Kira, Vanessa trabajaba en su recuperación espiritual  y física. Gracias a la agilidad mental  inspirada  por sus amigos, había logrado poner juntas las piezas del rompecabezas.

_Estas fotografías confirman mi teoría de que el fotógrafo estampa la foto con su aura--dijo observando atentamente los detalles en el producto del último ritual depredatorio de la mujer. Vanessa no se reconocía en las fotografías. Aparte de oscuras y desenfocadas, tenían un aspecto tan siniestro que lastimaban su alma.  Algunas de ellas captaban fielmente el conjunto de sombras que rodeaba a Sarah. 

_El depredador de almas ve el mundo a través de su locura refractaria -de una manera similar a como lo ven  las arañas_ dijo Kira.                    

- Lo del depredador no es un juego, _ explicó Santo_ porque en el juego, los oponentes tienen la ventaja de las reglas en común. Lo suyo es una danza, un ritual mortal en el cual solo él conoce las reglas. El elemento sorpresa es lo que le permite engañar,  atrapar, violar  y matar a su víctima. Es la ilusión de confianza la que desarma a la presa de su instinto de pelear o escapar ante el peligro.  

_ Tu espíritu es luminoso y por ende mas fuerte que el de Sarah - dijo Kira. _ Por ese motivo  sobreviviste al rito. Eso en sí es ya una victoria. Pero en los enfrentamientos con los depredadores de almas, la víctima siempre pierde su tranquilidad, su paz mental o su estado de inocencia. El dolor que persiste es el de quien ha perdido el paraíso.             

Vanessa se dio cuenta de que la ventaja en el ataque de Sarah a su hermano había sido posible debido a que, en su fascinación, él creyó tener ante sí a un ser humano dotado de nobleza, cuando en realidad, detrás de ese espejismo, se ocultaba el enemigo.

_ Yo hurgué en su sinuoso pensamiento, miré en sus ojos tenebrosos,_ pensó con tristeza. Nunca más vería ella a la vida en la misma dimensión que antes. 

Comprendió que Sarah había inventado su ritual huyendo al  autoexamen; porque  mirarse al espejo hubiera significado  ver su propia sombra. En el proceso, había utilizado a otras personas como chivos expiatorios. Aún así, tenía que concluir que aquella mujer nunca había dejado de ser una víctima, condicionada para destruir a todo aquel que intentara redimirla. 

***

Vanessa durmió hasta bien entrada la mañana. Despertó recordando su sueño con lujo de detalles.  En él vió una enorme red, caóticamente tejida, en la que había sido atrapada una amplia variedad de insectos, incluyendo una mariposa de color azul celeste. La mariposa se incorporaba desesperada, haciendo acopio de sus escasas fuerzas, tratando  de volar. Cuando al fin lo lograba, se dirigía, debilitada, hacia  la ventana, en busca de  la luz del DIA. En la red, quedaba un pedazo triangular de su ala izquierda.

¿Cuánto tiempo sobreviviría con su ala rota?