Vanessa
Yin estaba segura de haber hallado la clave que le ayudaría
a resolver el misterio que envolvía la muerte de su hermano.
Chris había venido a USAmerica en plena adolescencia para trabajar y hacer realidad sus
sueños, pero había muerto con la idea de que la tierra de
las oportunidades no era más que un cruel espejismo creado
por depredadores de
cuerpos y de almas para
desarticular sus propias pesadillas.
A
su lado, silenciosos, aguardaban Santo y Kira. Los había invocado
mas de una vez para que fueran testigos del terror. Solo el
Enmascarado de Plata y la Maga Blanca eran capaz de entender
la culminación de aquella experiencia que atormentaba su alma
desde niña. Ellos, los conocedores eternos de sus combates
con la araña, devoradora de hombres y mujeres, depredadora
de niños y animales.
El resultado del encuentro era siempre predecible.
En sus sueños, en sus recuerdos, en su imaginación, en la
vida real. Todos sus instintos entraban en estado de alarma
en el instante en que imaginaba la aventura. El viaje habría
de ser tan horroroso como aquel que le había costado la vida
a Chris. El pánico, redimido solo por el recuerdo del abrazo
de su hermano adolescente tratando inútilmente de detener
su miedo durante la caída enloquecida en la montaña rusa.
La
suya había sido una caída larga, desesperada, como la de Alicia
cuando se precipitó en el foso. Imposible el regreso, desconocida
la llegada. Temiendo que cuando llegara al fondo, saldría
al otro lado del mundo donde la gente andaba de cabeza y se
comunicaba en otras lenguas.
Ignorando si todo ese sufrimiento, los malos ratos,
aquella locura nunca vista, sentida, vivida, serían
la semilla de algún fruto. De un fruto amargo, quizás, inesperado,
talvez poco usual, para algunos una nadería, pero para ella,
- que había combatido molinos internos, retado a las fuerzas
infernales, resurgido de las cenizas, - fruto al fin. La respuesta
al enigma que lo había comenzado todo.
Su
memoria la situó allí, en el recuerdo de aquella galería
tenebrosa que había perturbado de tal manera su espíritu,
su imaginación, sus sentidos que, como Pandora, no había vacilado
en abrir la caja en busca del misterio que la enfrentaría,
cara a cara, con las oscuras fuerzas que emanaban los dantescos
cuadros.
Las
imágenes caleidoscópicas, fragmentadas y colocadas en una
simetría compulsiva, obsesiva, atormentante, carecían de luz,
se movían en las sombras, hablaban de la muerte violenta,
del fracaso en la vida, de la miseria humana. Todo el sufrimiento
del mundo reflejado y listo para cegar la vista, y despedazar
el alma y los sentimientos del osado curioso que se creyera
poseedor de la voluntad para disuadir monstruos a punta de
palabras nobles.
Los collages le inocularon una fascinación
semejante a la que debió experimentar su hermano al detectar
a su depredador. En el preciso momento en que había comenzado
la danza a muerte: la vigilancia incansable, la persecución
inclemente, la seducción engañosa, la posesión humillante
que consume cuerpo y alma. Vanessa creyó ver en aquellas
criaturas agobiantes, el simbolismo de una locura que evadía
toda interpretación.
No, no encontró ningún talento. Ninguna originalidad.
Como si el pretendido arte no fuera más que una farsa. Era
la habilidad para el engaño, el hilo con que su artesana tejía
la obra para atraer, envolver y cautivar a su audiencia lo
que constituía la creación. Era la desastrosa realidad, de
colores mohosos o visiones tenebrosas, del ser impío que,
grita en un silencio interno, mientras arrebata las fuerzas
vitales del observador, dejándole en estado de trance, expuesto
a la voluntad de un amo sin escrúpulos.
Poder
explicarse la motivación del individuo que como vampiro succiona
la energía ajena, y levanta luego la mano empuñada, maldiciente,
con la ingratitud soez del espíritu rabioso. Descubrir los
hilos que movían al autor de aquella obra, ese era el reto.

Y sí. Sarah Jahn, tiraba al mundo aquellas imágenes insípidas,
incoloras que llamaban poderosamente la atención por la manera
metafórica pero arrogante y enfermiza de presentarse al público.
La selección de colores, limitada al negro, blanco, sepia
y gris, daban a sus exhibiciones
un aire necrológico.
A la primera invitación y en busca de las pistas que solo
la depredadora de su hermano podía darle, Vanessa penetró
- cautelosa pero intrigada - en aquel espacio lóbrego y prohibido,
una especie de cuarto oscuro en donde se revelaban las dolorosas
imágenes. Los empolvados estantes, obsesivamente atestados
de libros, la música oscura y afligida azotando los sentidos.
Residuos de explosiones de furia incontenible evidentemente
provocada en los encuentros con sus presas.
La cronología de la trayectoria de Sarah Jahn, estaba malamente
disimulada en sus piezas de arte. En ellas adjudicaba, tamaño,
forma, color y posición de acuerdo con sus temas. Talvez,
_pensó Vanessa_ de ese modo puede alegar, en caso de ser expuesta,
que sus crímenes tienen una motivación " artística." Y con esa misma condescendencia se atrevería
a exponer en exhibiciones colectivas o individuales.
Muy pronto supo que las exposiciones de Sarah eran siempre
facilitadas por sus presas de turno, reforzando así el mensaje
turbio que cautivaba las almas rumbo a su autodestrucción. Vanessa creyó ver entre la audiencia, los fantasmas desolados de
todas aquellas personas desangradas por la
mujer que posaba ahora como artista.
Por obra y
gracia de Kira, quien le había enseñado a desarrollar el poder
de la telepatía, a Vanessa le fue posible descifrar la obra
a través del pensamiento de su misma autora.
Fue así como supo que Sarah
había sido iniciada en el cuarto oscuro de Nick su hermano,
a los once años ayudante de fotógrafo y despiadado depredador
sexual. De la experiencia no había más huellas que su ninfomanía
incontrolable, el resentimiento desesperado hacia sus padres,
su hermano, su odio acendrado por si misma y el resto de la
humanidad y su vengativa
compulsión por capturar en imágenes los resultados de sus
encuentros depredadores. De haber existido la inspiración,
su primer cuadro hubiera sido sin duda, el compendio
de su personalidad fragmentada en infinidad de partículas
girando en torno a una enorme máscara.
Para su segunda lección, el destino
le eligió, un depredador/víctima, cuyo grupo racial había
sido tradicionalmente humillado por la sociedad antropocéntrica
de donde provenía Sarah y por tanto poseía el mismo mecanismo
defensivo que ella. Fue de él quien aprendió, irónicamente,
a proyectar en collages el rencor hacia su
propia raza. La breve
asociación de dos individuos de cerebro reptileano, había
dado como resultado la creación de una tercera persona, representada
apologéticamente en un mural sepia, y cuyas fotografías del
mismo color, serían el monumento a sus mutuas locuras. Sarah
había tratado de atrapar a Malcolm, pero había terminado por
enredarse en sus redes y caer en las de él. El odio subsiguiente,
dirigido específicamente a Ariadne, el producto de su fracaso,
fue desde entonces su perenne compañero.
Ya para su tercera composición, se manifestó el terrible abuso
emocional del que había hecho objeto a su primera víctima. El tema, justificaba
su autora, era la "catarsis" del dolor de un ser
que "se había precipitado al abismo."
Su cuarto cuadro vino a
representar entonces la tragedia resultante de su inescrupulosa manipulación del aura ajena,
con lo cual había provocado el suicidio de su presa. A estas imágenes
se añadió luego la
serie de ataques egocéntricos, en la que Sarah se autoretrató
hasta la saciedad, culminación de la cual era la enorme foto
de su "budesco" vientre y del cual había suprimido,
por medio de trucos de revelado, su propio ombligo.
El portafolio artístico de Sarah Jahn, era, pues, una evidencia
clara de su alienación total, de su pasión por la cacería
humana; un archivo de fetiches arrancados a las víctimas.
Uno de esos "trofeos" había sido el botín compartido
con un depredador/ amante. Su
recompensa (por compartir la presa) había sido un alto
cargo ejecutivo en la organización en la cual su compañero
de caza era director. Un mural reciente, reflejaba en toda su violencia, la tragedia familiar que
Sarah había provocado en su manía seductora.

Con los días, Vanessa logró discernir un cierto orden en aquel
caos. Consistía el modus operandi de Sarah, en fotografiar
la víctima durante
su relación desintegradora. Logrado el propósito, despedazar
la imagen reduciéndola a una serie infinita de figuras
geométricas. En una antigua Singer, Sarah las zurcía, como un Frankestein ansioso
de dar vida a su burda
creación.
A medida que avanzaba en su destreza depredadora, y tras
consumir la víctima, Sarah
se apropiaba de las características de su presa: sus modismos,
su manera de vestir, sus talentos y habilidades. Para almacenar
su nutriente, la mujer araña seguía un patrón de seducción
constante, mediante el cual le era posible escoger una nueva presa - de entre su perenne lista
de espera - en el momento deseado.
Su obra en progreso, la que perpetuaría
la destrucción emocional y luego física de Chris, había
sido orquestada por Sarah con la doble intención de atrapar
y detener así a Vanessa,
que con sus pesquisas, entendía cada vez mejor el mecanismo de su peligrosa red. Antes que admitir su derrota, Sarah
inició un prematuro ataque, con la solemne intención de vejar
al máximo el espíritu de Vanessa, antes de programar su autodestrucción,
tal y como lo había hecho con su hermano.
Quiero enseñarte una composición
relacionada con el problema sicológico de Chris_ dijo
sabiendo que la curiosidad de Vanessa la hacía irresistiblemente
vulnerable.
_Ten cuidado
_le advirtió la maga, sugiriéndole que invocara la protección
cabalística de los cuatro arcángeles.
_No te preocupes_
le contestó Vanessa, _ es demasiado pronto para que
Sarah se atreva a hacer nada. Esta es una gran oportunidad
para saber que cosas tiene de mi hermano.
Vanessa reconoció que había subestimado la degradación de
aquel espíritu después de tomar el té que le había preparado
Sarah.
_ ¡Ah!- exclamó,
la lengua pesada y los ojos desenfocados _ ¡ésta es la manera
como mesmerizas! Y
todo el tiempo pensé que se trataba realmente de un poder
mental tuyo.
Sarah lanzó
una ruidosa carcajada _ ¡brillante deducción! Lástima que
no puedas saborear la sopa que a tu hermano le gustaba tanto.
Y procedió a apagar las luces para, encender una enorme veladora
negra y preparar su equipo fotográfico.
Haciendo un esfuerzo por mantenerse despierta,
Vanessa se encaminó hacia la puerta, pero la figura ruda y
pesada de Sarah se interpuso, empujándola hacia el tapete
colocado allí expresamente para la ceremonia o sacrificio.
Su mente se debatía ahora entre el
letargo y la desesperación. Fue sin embargo tirada
en el piso, que Vanessa pudo ver el orificio que daba al sótano
y a través del cual se escuchó un
aullido espeluznante. Antes de que Sarah pudiera impedirlo,
pegó su cara contra el suelo para ver en toda su magnitud
las siniestras sombras que, como demonios y fieras enloquecidas
trataban de salir de su encierro.
_¡Kira, Santo!_ invocó a sus amigos. Con fuerza inesperada,
se incorporó para enfrentar a Sarah que comenzaba a disparar
su cámara. Vanessa entendió por fin la forma como esta mujer
despojaba a las víctimas, de su voluntad, de su pasión por
vivir. Era su manera de alimentarse, de renovarse ella, de
continuar aferrada a una vida que hacia rato no le pertenecía.
Aterrorizada, Vanessa sintió la enorme red de sombras
y energías oscuras envolver su cuerpo.
-¡El espejo
Vanessa, el espejo!_ escuchó en su mente la voz de Kira, cuando
ya la mujer araña la había atrapado en su red y le inyectaba
en su pecho el aguijón ponzoñoso.
Un ardor punzante, insoportable, que emulaba el dolor
de la muerte, se apoderó de su corazón.
A esa pena se añadió el efecto que comenzaba a tomar
lugar en su plexo solar: la succión de su energía vital. Unos
segundos más bastarían para causarle la muerte o la demencia.
Imposibilitados en su dimensión espiritual para ayudarla físicamente, Santo y Kira proyectaron su energía en Vanessa, auxiliándola con las fuerzas suficientes para incorporarse y utilizar el espejo como escudo.
Temían ellos que ya fuera
demasiado tarde.
-¡Haz un esfuerzo
sobrehumano! ¡Tu no perteneces a su mundo! -le gritó Santo.
En la mente afiebrada de Vanessa comenzaba a confundirse
la luz lunar con la
del túnel eterno, cuando vio aparecer la figura de su hermano,
extendiéndole sus brazos juveniles, evocando el momento en
la montaña rusa. De un solo movimiento, Vanessa asió el espejo
que tenía delante, uno antiguo, bordeado por cristales de
vitral, semi-olvidado en el desorden del aposento.
Le pareció que levantaba el mundo con sus manos. Sus brazos
estaban encalambrados. Su cuerpo anclado, a duras penas respondía
la orden de su mente. Aferrada a la visión de
Chris como única brújula, Vanessa logró enderezar el
artefacto y colocarlo en posición tal que se interpusiera
entre la sanguijuela humana y ella,
como un resguardo, la superficie decidida frente a
la cara de la medusa.
En ese preciso instante, el pasado de Sarah desfiló ante sus
ojos. Un pasado cenagoso, formado de lodo y piedra. Fue entonces
claro en la lógica de Vanessa, que la pasión depredadora de
Sarah en vidas pasadas, había terminado por degradar su espíritu.
Como amante, ladrón o inquisidor, había violado una y otra
vez el derecho de sus víctimas al silencio. Se había
ensañado en la humillación para reducir la humanidad de las
personas, decepcionando, desilusionando, traicionando la confianza
ajena. Una serie de imágenes denunciaba sus artimañas favoritas.
La colección estaba sellada por su cara, superimpuesta al
cuerpo de una rata gris, enorme, peluda, cuya cola colgaba
como una trenza debilucha.
Horrorizada por la reflexión
de su propia ira, su rostro
constreñido y apariencia diabólica, Sarah lanzó un gemido ahogado por la saliva. Por
primera vez tuvo frente a si, en toda su dimensión, a su espíritu
destructor. En su histeria, la mujer clavó el aguijón en su
corazón, descargando en él todo su veneno milenario. Vanessa
la vió revolcarse como un insecto en medio de los estertores
de la muerte. Del orificio en el piso, vio salir las sombras
deprimentes de centauros diabólicos, aún
ligados al hilo infinito de la red, ahora destejida,
para finalmente desaparecer con el alma atormentada.

Ahora, junto a sus mentores, Santo y Kira, Vanessa trabajaba
en su recuperación espiritual y física. Gracias a la agilidad mental inspirada
por sus amigos, había logrado poner juntas las piezas
del rompecabezas.
_Estas fotografías confirman mi teoría de que el fotógrafo
estampa la foto con su aura--dijo observando atentamente los
detalles en el producto del último ritual depredatorio de
la mujer. Vanessa no se reconocía en las fotografías. Aparte
de oscuras y desenfocadas, tenían un aspecto tan siniestro
que lastimaban su alma. Algunas
de ellas captaban fielmente el conjunto de sombras que rodeaba
a Sarah.
_El depredador de almas ve el mundo a través de su locura
refractaria -de una manera similar a como lo ven
las arañas_ dijo Kira.
- Lo del depredador no es un juego, _ explicó Santo_ porque
en el juego, los oponentes tienen la ventaja de las reglas
en común. Lo suyo es una danza, un ritual mortal en el cual
solo él conoce las reglas. El elemento sorpresa es lo que
le permite engañar, atrapar,
violar y matar a su víctima. Es la ilusión de confianza
la que desarma a la presa de su instinto de pelear o escapar
ante el peligro.
_ Tu espíritu es luminoso y por ende mas fuerte que el de
Sarah - dijo Kira. _ Por ese motivo
sobreviviste al rito. Eso en sí es ya una victoria.
Pero en los enfrentamientos con los depredadores de almas,
la víctima siempre pierde su tranquilidad, su paz mental o
su estado de inocencia. El dolor que persiste es el de quien
ha perdido el paraíso.
Vanessa se dio cuenta de que la ventaja en el ataque de Sarah
a su hermano había sido posible debido a que, en su fascinación,
él creyó tener ante sí a un ser humano dotado de nobleza,
cuando en realidad, detrás de ese espejismo, se ocultaba el
enemigo.
_ Yo hurgué en su sinuoso pensamiento, miré en sus ojos tenebrosos,_
pensó con tristeza. Nunca más vería ella a la vida en la misma
dimensión que antes.
Comprendió que Sarah había inventado su ritual huyendo al
autoexamen; porque
mirarse al espejo hubiera significado
ver su propia sombra. En el proceso, había utilizado
a otras personas como chivos expiatorios. Aún así, tenía que
concluir que aquella mujer nunca había dejado de ser una víctima,
condicionada para destruir a todo aquel que intentara redimirla.
***
Vanessa durmió hasta bien entrada la mañana. Despertó recordando
su sueño con lujo de detalles. En él vió una enorme red, caóticamente tejida,
en la que había sido atrapada una amplia variedad de insectos,
incluyendo una mariposa de color azul celeste. La mariposa
se incorporaba desesperada, haciendo acopio de sus escasas
fuerzas, tratando de volar. Cuando al fin lo lograba, se dirigía,
debilitada, hacia la
ventana, en busca de la
luz del DIA. En la red, quedaba un pedazo triangular de su
ala izquierda.
¿Cuánto tiempo
sobreviviría con su ala rota?

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