AKUM La Magia de los Sueños

Novela

Rigor y vuelo creador permiten al lector acceder a esa dimensión propia de la niñez, aquel umbral de lo maravilloso que representa los pasos iniciáticos, es decir, el tránsito de los esplendores míticos, lo que empieza a ser nombrado, asumido en la medida que va siendo descifrado e incorporado entre un si es o no es conciente al ámbito del yo ávido: el centro de las altas alquimias, haciéndose fruto de la individualidad y el ser social.


Novel

The creative spirit allows the reader to fall for that dimension of childhood, the entrance through the wonderful gate that represents the initiate’s steps into other worlds, the transit to the mythic splendors- which begin to be named, assumed, at the same time that is being deciphered and incorporated between a conscious “to be or not to be” of the eager self: the core of a high alchemy which molds the individuality and the social self.

AKUM La Magia de los Sueños

Review de Jorge Vélez

Hay en la concepción general de Akum, la Magia de los Sueños, una visión fundamental, coherente, de esas atmósferas sumergidas -oníricas- a las que los niños brindan espontánea adhesión, porque dentro de ellas logran un paulatino ajuste a los difusos perfiles del mundo aparencial. En ese clímax de descubrimientos y de hondos sujetivismos se define la singularidad de la existencia de Maribel, la protagonista, primero como aventura-juego, después como experiencia, cuyos sedimentos forjan al ser y, finalmente, como conocimiento, ese proceso dramático de incertidumbre que sitúa al ser humano en una relatividad social, cultural e histórica.

Ese tratamiento de tema y personajes, está siempre precedido por la impronta vital de la niñez, entretejida de sueños, terrores y deslumbramientos, expresión de un entorno sociocultural, rico en contrastes, contradictorio y apasionado. Y todo ello a causa de los poderes propios de los niños, que los hace partícipes de las invenciones de la naturaleza, que les entrega algo en sus signos misteriosos, sus claves aún no profanadas y su metamorfosis.

Rigor y vuelo creador permiten al lector acceder a esa dimensión propia de la niñez, aquel umbral de lo maravilloso que representa los pasos iniciáticos, es decir, el tránsito de los esplendores míticos, lo que empieza a ser nombrado, asumido en la medida que va siendo descifrado e incorporado entre un si es o no es conciente al ámbito del yo ávido: el centro de las altas alquimias, haciéndose fruto de la individualidad y el ser social.

He aquí a grandes rasgos un poco de la temperatura de alto rasgo imaginativo, respaldado sin duda, por una sólida formación intelectual, pero, ante todo, por una gran autenticidad: es lo que revela este vivo y vigoroso relato de Gloria Chávez Vásquez.

Es sabido que el tratamiento literario de los materiales que configuran el variado y fascinante universo de los niños entraña dificultades de orden técnico de muy ardua superación; pero nuestra autora los resuelve con singular destreza en el manejo del idioma, y una audacia inventiva que termina por recrear la atmósfera con un contenido geográfico, humano, cultural e histórico donde se funden en un todo orgánico los recuerdos de la niñez, los sueños, las leyendas, las supersticiones, con un cortejo de duendes y apariciones, vale decir, una visión de hondo contenido telúrico, con un fondo folk, donde el juego se mezcla con el drama, el sarcasmo con el humor, la realidad con el sueño, y en donde persiste un anhelo de justicia y un atormentado esfuerzo por definir la identidad de un mundo. Una exquisita síntesis del signo antropológico, elevado a una gran dignidad estética.

akum2INTRODUCCION

Una niña, Maribel, es el personaje en el cual la autora condensa con extraordinaria sagacidad literaria los elementos de la infancia. La autora logra en el manejo de un tono límpido, álido y sugestivo, transportar al lector al reino de lo real-maravilloso, en medio de un ambiente hogareño, y en cuyos objetos se encuentran atrapados los recuerdos de generaciones pasadas. Dichas manifestaciones tratan de condicionar los patrones de comportamiento de las generaciones más jóvenes, todas ellas confundidas con sus respectivas generaciones de duendes, gnomos, legendarias criaturas que en la infancia de la humanidad representan el espíritu de las fuerzas naturales.

En uno de los momentos de desazón, la joven heroína, contrariada, más por los oleajes de su imaginación que por lo que ella llama la incomprensión de los adultos, inicia contacto con esos íntimos secretos de la naturaleza a través de la lectura de un libro de cuentos. Y se inicia la aventura: la realidad revierte en una suerte de magia y se establece el diálogo de la niña con lo inefable. En el curso de la narración la escritora logra crear un clima diáfano donde todo es natural, pleno: el mundo de los sueños, los personajes reales e imaginados se confunden sin artificio porque en el fondo, la niña Maribel ha empezado a comprender que el sentido profundo de la vida reside en la capacidad del ser humano de integrarse en la contradictoria unidad y diversidad de la naturaleza.

Finalmente, destacaremos tres aspectos que definen las calidades de escritora de Gloria Chávez Vásquez.

Primero, el equilibrio de su lenguaje, el cual establece por virtud de un movimiento verbal transparente y rico en hallazgos poéticos. Su visión de vehículo comunicante y de instrumento de una individualidad expresiva, porque la palabra ejerce su misión reveladora de esencias subyacentes en el envés de la realidad y las intracciones entre cultura, medio ambiente y dinámica social.

Segundo, la concepción orgánica bien articulada del relato en el cual el universo infantil es recreado. La escritora no omite ninguno de los rasgos esenciales de lo particular que se realiza en lo universal: los sentimientos filiales, los dones vernáculos, el encuentro con la solidaridad y el compañerismo, el amor y la procreación. Todo ello entretejido de peripecias en el curso de las cuales la imaginación se abre al vertiginoso movimiento de una realidad, que, por propia, tiene el poder genésico de modelar el comportamiento, a la par que es transmisor de la carga vital sustentada en la visión mágica y el esplendor lúdico.

Y tercero, la perfecta urdimbre que constituye la animada galería de personajes, reales e imaginarios, surgidos del recuerdo ancestral y personal, y que se integran en un todo orgánico. El mundo infantil, el círculo de abuelos, padres, primos, tíos, hermanos, naturaleza y flores, plantas, frutos, animales, agua, minerales se concentran en el espacio y en el tiempo, en un ámbito altamente humanizado que la autora plasma magistralmente con su limpio manejo de la técnica literaria. Las herramientas del oficio son utilizadas en AKUM sin artificios retóricos. El resultado es un limpio y magnifico diseño, en claro-oscuro, del paisaje eterno del alma de los niños.

225 pgs precio $14.95 US

whiteowl.editions@verizon.net

Los Guaqueros

Se internaron en lo más profundo de la floresta. Cada árbol, cada planta, cada flor, le parecía a Maribel parte de la más exótica vegetación de la selva, contenida sólo en el libro de las especies desconocidas.

La débil luz de la vela escasamente competía con la luz lunar, pero tenía el poder de revelar por momentos, las figuras de los pájaros nocturnos, criaturas de colores invisibles al ojo humano, escondidas en el encanto de la noche. Los animales del bosque descansaban en sus refugios, en sus húmedos huecos o en sus cálidos nidos. Las sombras móviles aparecían o desaparecían como relámpagos en el camino.  Otras, más cautelosas, se camuflaban en la negra espesura. Los ruidos eran una adición impresionante y necesaria a las visiones igualmente tenebrosas. Maribel ya empezaba a arrepentirse de haber sido tan curiosa.

“Mejor que regresemos”, susurró a los enanos, “ya es tarde y mañana es el primer día de escuela. Otro día volveremos”, Ninguno de los dos parecía hacerle caso, pero cuando los pájaros percibían su voz, estallaban en un solo canto de notas misteriosas. No había ni señal de que la caminata terminaría pronto.

“¡Chiiichítaaaaa!” el eco de aquella especie de lamento llenó el bosque.

“¡Son los grillos boba!” la “tranquilizó” el maestro Dientelargo. El viejo, que no paraba de refunfuñar, comenzó a narrar una interesante historia que logró desviar la atención de la niña del tenebroso espectro de la noche.

“Hace muchos, muchos años, los gnomos podíamos ir a donde se nos diera la gana. Había pasajes por todos los lugares del mundo. Bueno, por casi todos. En algunas partes los habitantes nos cerraban las salidas. Con el tiempo, los fueron cerrando más y más. Y la gente se olvidó de nosotros. Aún así, construimos más caminos. Pero los antiguos senderos eran tan hermosos que muchas criaturas respetables compartían gustosas nuestras aventuras. Eventualmente, y cuando las sociedades humanas se hicieron más complicadas, nosotros mismos sellamos las entradas y salidas para protegernos y a nuestros secretos.  Perdimos comunicación con nuestros primos en aquellas regiones a donde solíamos viajar por vía directa en menos de lo que tardo en hacerte el cuento”.

“Aún así, nos las ingeniamos para seguir viajando. Pero hay otras razones por los cuales la gente ya no puede vernos”, concluyó Diente.

“¡Pobrecitos!”

“¡No nos tengás lástima!” Nosotros seguimos poseyendo los secretos de la naturaleza. Y estamos siempre alerta para compartirlos con los sabios. Los demás perdieron el contacto y me parece a mí que se han convertido en seres tan mediocres que ya no tienen razón de vivir”.

“Y ¿por qué no abren nuevas entradas?”

“No es fácil”, respondió Chi.

“El problema comenzó” continuó diciendo Dientelargo, “cuando se perdieron los tres libros de Yodín. En ellos estaban escritas las claves de los siete poderes”.

“¿Quién es Yodín?” preguntó intrigada Maribel.

“El guardián de la sabiduría, uno de los maestros de la Hermandad,” informó Diente con un optimismo que sorprendió a la niña.

“Hermandad?” la palabra misma sonaba misteriosa.

“La Hermandad de la Pluma Blanca, una logia compuesta por magos, hechiceros y personas muy especiales”, replicó Diente.

“Y ¿quién se robó los libros?” preguntó ella.

“Uno de sus aprendices. Dicen que lo robó para entregárselo a un hombre muy ambicioso, que planeaba conquistar el mundo y quien le prometió compartir su poder sobre los hombres”,

“Y ¿entonces qué pasó?”

“¡Que se traicionaron mutuamente!” contestó el gnomo.

“Está escrito en los libros de Yodín: El mal se destruye solo, “citó Chi orgulloso de saber bien la lección.

“Y ahora, ¿dónde están esos libros?”

“Dos de ellos fueron recuperados con la ayuda de Akum, un príncipe guerrero de la raza Chibcha a quien, en gratitud Yodín nombró Gran Guardián de estas tierras. Pero aún hace falta recuperar el tercero y Yodín no ha vuelto a confiar la custodia de los libros a nadie. Cada vez que hay accidentes como éstos hay que empezar por deshacer las estupideces cometidas durante la locura que produce el poder. Pero, ya he dicho demasiado”.

“Podemos hacer que se le olvide todo, maestro”, se le ocurrió a Chi.

“¡A mí no se me olvida nada!” anunció la niña provocando una mirada de complicidad entre los dos enanos.

“Y ¿cómo es Agmmandiel?”, preguntó Maribel cuando los enanitos pisaron el claro rodeado por un tupido círculo de árboles.

“Ya sabrás cuando aparezca”, dijo Diente exigiendo silencio con un gesto. Luego, haciendo gala de gran dramatismo examinó el terreno. Hizo ademán de escuchar. Se aclaró la garganta y dio tres patadas con el pie derecho. Sorpresivamente, produjo un silbido tan agudo, que pareció provenir de un ave extraña y no de la pequeña garganta del enano. Una ráfaga apagó la vela. Un claro de luna prevaleció en la atmósfera.

Como respondiendo al ritual, un torbellino emanó del suelo rodeando al trío. Por alguna razón desconocida, el polvo provocado por el fenómeno comenzó a resplandecer como una lluvia de estrellas diminutas. Una energía misteriosa irradió todo a su alrededor. Una explosión silenciosa, de color verde y azul emitió la hermosa figura de un pájaro de largas plumas, de anchas alas, de cresta plata y oro, en su cola los colores del arco iris. El ave ascendió velozmente, más allá del fenómeno que lo había producido. Cuando ya las luces se esfumaron para dejar tan solo el azul lunar, el pájaro descendió a gran velocidad mientras iniciaba una transformación fantástica.

En un abrir y cerrar de ojos, el ave se transformó en un muchachito indígena de excepcional belleza. Su pelo, del color negro azulado del cuervo, estaba cubierto con una coronilla de flores blancas. De su cuello pendía un collar de cuentas de colores. Llevaba puesto un taparrabo y unas alpargatas finamente tejidos con cabuya. En un momento dado, el muchacho, que parecía levitar, saltó a una rama en donde se posó con sus propias intenciones.

“¡Saludos, hermanitos del bosque!” dijo con una risa maliciosa. Sus grandes ojos del color del ámbar, brillaron como luciérnagas en la noche. Maribel trataba de decidir si el chico era duende, indio o ambas cosas, cuando la criatura entonó un cántico que invitaba a la ensoñación:

Oro llevo entre las manos
Y al metal su forma doy
Soy espíritu del árbol,
Soy espíritu de amor
Soy el ángel de los niños
Soy el mismo que ahora soy.

Agmmandiel vive en las rosas
Agmmandiel cuida el clavel
Agmmandiel sirve a las plantas.
¡Y nadie le puede ver!”

“Excepto nosotros, ¡rapaz!” exclamó Dientelargo cruzando los dedos de ambas manos como si con el gesto asegurara la presencia del muchacho.

“¡Soltá brujo enano!”, gritó Agmmandiel adolorido, llevándose las manos a las orejas.

“¡Suéltelo, señor Diente!”, le suplicó la niña mientras el enano controlaba con la vista los movimientos del indiecillo, no mayor en estatura que la niña.

“¡Es hora de que nos des la respuesta a tu tonto enigma! Necesitamos ver a Akum con urgencia!”, demandó Diente.

“Es que la respuesta al enigma es la clave de la montaña de Akum”, le explicó Chichi a Maribel.

“Pero, ¿qué quiere decir?” A duras penas podía recordar los versos, mucho menos adivinar su significado.

“No se sabe. Él se niega a revelarlo y nosotros no damos pie con bola.”

“Prometéme que nos darás una pista”, le exigió Diente con una mirada malgeniada. “Y que no nos jugarás una de tus tretas.”

“¡Sí, lo prometo, lo prometo, pero soltáme!”

Cuando Diente descruzó los dedos, Agmmandiel lanzó un suspiro de alivio. Pero al momento, se incorporó enojado:

“¿Qué es lo que buscás viejo condenado?”

“¡Las guacas que nos escondés!”

“¡Preguntále al que todavía tiene el libro de Yodín!”

“Nosotros nada tenemos que ver con el asunto…”

“Pero vuestra tontería os hace vulnerables a la maldad…”

Dientelargo se dispuso a renovar la tortura cuando intervino Maribel.

“No más por favor, ¿no que no le gusta que le obliguen a hacer lo que no quiere?”

“¿Quién es esta niñita y qué hace aquí?”

“Quiere conocer a Akum”, le informó Diente con ironía.

“No es imposible”, dijo Agmmandiel “si nos puede ver es que tiene algún talento, pero habría que ver cuál es”.

Haciendo uso de un encantamiento, Agmmandiel produjo una ramita en forma de horquetilla, la cual apareció primero suspendida en el aire y cayó luego a los pies de Chichigua.

“Esto es mejor que un mapa, hermanito. Seguí tu instinto. Pero si quebrantas las reglas, nunca encontrarás guacas por estas tierras. Para cuando termine el encantamiento, serás experto oledor de entierros indígenas”.

“Gracias muchas, gracias”, dijo Chi recogiendo la rama.

“Y ¿pa’ que querés ver a Akum?”. Mientras bajó del árbol flotando, Agmmandiel dedicó su atención a la niña.

“Está buscando por poderes mágicos,” le adelantó Diente.

Agmmandiel se rió todo el camino al suelo. Cuando aterrizó al lado de Maribel, la miró a los ojos y le dijo muy seriamente: “Ya nadie tiene acceso a esos poderes. Ni siquiera los duendes. Y Yodín nos ha sentenciado: la próxima vez que le facilitemos el poder a un ser humano, seremos condenados a servir a las piedras”.

“Yo no quiero poderes, ni objetos mágicos”, aseguró Maribel, “tampoco quiero meterlos en problemas ni nada que se le parezca. Mi único deseo es poder hacer las cosas bien hechas y que la gente grande me entienda de una vez por todas.”

“Quizás sea más fácil que vos entendás a la gente”, le sugirió el chico.

“Pero, es que parece que no hay gente buena. Ni siquiera en los cuentos de hadas.”

“No es cierto”, protestó Agmmandiel secundado por los enanitos. “Talvez debás aprender a diferenciar entre lo bueno y lo malo. ¿Es que no te lo enseñaron tus mayores?” preguntó Agmmandiel con curiosidad. “O, es que estarás buscando sabiduría”, concluyó el duende indio con una sonrisa de certeza, “porque en ese caso es muy posible que tengás el talento que Akum busca”.

Para acabar de confundir a Maribel, Dientelargo le resumió con su habitual dureza: “pero primero tenés que resolver el enigma”.

“¿Cuál enigma?” preguntó ella desanimada.

“La adivinanza”, le recordó Chichi como si fuera de conocimiento público. Agmmandiel recitó el poema para refrescarle la memoria.

“Pero, ¿qué se supone que yo diga?” preguntó la despistada muchachita.

“Una palabra. La palabra que comenzó toda esta bobería”, replicó Dientelargo compartiendo la frustración de la niña.

“¿Una palabra? y, si adivino ¿podré ver a Akum?”, preguntó esperanzada.

“Cuando la encontrés, deberás pronunciarla frente al Puente de las ilusiones”, dijo.

“¿El puente de qué?”

“El puente que lleva a la montaña de Akum por supuesto”, agregó divertido el duendecito.

Aquello sonaba como la gran aventura. Nada que ella pudiera hacer con el permiso de sus padres.

“Me gustaría ser tu guía. Akum necesita ayuda de los humanos”, rió el chico. Maribel no sabía si hablaba en broma o en serio.

“Este rapaz siempre está tramando algo”, le advirtió, Diente. Maribel, por el contrario, sentía que podía confiar en él.

No sabía qué pensar. Su primera pregunta era, ¿cuántas letras tenía la palabra mágica? ¿Sería tan fácil encontrarla como en el juego del ahorcado en el que ella era campeona? ¿O tendría la lógica de las adivinanzas?. La intrigaban los ojos hipnóticos de Agmmandiel. Le recordaban inevitablemente a Micifú, el gato angora de la abuela. Y no eran esas flores que llevaba en su cabeza, las mismas que tenía sembradas Mamita en su terrario? Y las espléndidas plumas de ave celestial, ¿no había ella soñado … ?

“¡Niña!, tenemos que irnos antes de que canten los gallos”, anunció Diente con mucha prisa.

Agmmandiel se había evaporado delante de sus propios ojos. Cuando quiso pedirle una pista sobre la palabra misteriosa, era demasiado tarde. De todos modos, la imagen del chico se adivinaba entre las hojas y el tronco de los árboles. Una ardilla saltó del mismo lugar que antes había él ocupado. Maribel se volvió para buscar a los enanitos pero también se habían esfumado. Estaba sola, allí, en medio del bosque. Ya no había ni siquiera ruidos ni sonidos extraños. En aquel momento cacareó un gallo.

“¡Espérenme, Chichigua, Diente!”, llamó sin resultados. Quería confesarles que no sabía el secreto de la leche en polvo. Pero que podía cogerla de la cocina cuando quisiera. Se sintió mejor cuando descubrió que se habían llevado el pocillo. Sólo contaba para regresar con la luz de la alborada.

Los rayos solares atravesaron felizmente la ventana anunciando el primer día de escuela. Maribel despertó en su cama tratando inútilmente de recordar su sueño.

 

El Valle de los Espantos

Nos regala uno de sus hijos?”, preguntó el joven buen mozo parado en la entrada de su casa. Venía acompañado de una muchacha muy bonita. La presencia de ambos hizo sonreír a Herminia.

Las visitas de Josué y Deyanira eran tan imprevistas como llenas de misterio para los chicos. La pareja, que no había podido tener el hijo que tanto anhelaba, frecuentaba la casa, quizás para hacerse a la idea de lo que era una gran familia. Los niños les llamaban tíos y nadie cuestionaba el parentesco. Familia o no, sus visitas causaban gran revuelo.

Josué, que trabajaba en construcción, tenía la voz de un locutor de radio y la figura de un actor de cine, cosa que le daba relevancia a sus palabras. Podía haber sido un declamador, pero su mamá decía que en su pueblo eso era considerado vagancia y él y su esposa se hubieran muerto de hambre. Deyanira parecía la sirena que Maribel había visto en el dibujo de un cuento de hadas. Tenía el cabello largo y ondulado, piel blanca como la porcelana y un cuerpo pequeño y bien formado. Era una mujer muy agradable, siempre al lado de Josué, apoyando sus cuentos, proveyéndose con los sonidos de fondo y los comentarios. Se habían casado muy jóvenes pero actuaban como recién casados. Disfrutaban del mundo de los niños, y parecían divertirse juntos.

“Escojan el que quieran”, les dijo Herminia invitándolos a entrar.

“Vamos a ver Deyanira”, dijo estudiando las caras de los chicos, “¿con quién nos quedamos?” .

“Denos una muchachita”, dijo ella.

“Algún día sabrán lo que es criar hijos” -se quejó la mamá- “entonces vendrán a pedirme que me quede con los suyos”.

Sentados en la sala de su casa rodeando la pareja, preguntándose si sería cierto que pensaban regalarlos, Maribel, Miriam y Papito no osaban moverse de sus puestos. Temían la decisión de la madre, o peor aún, el anuncio de que tendrían que acostarse y perderse así los cuentos de terror que contaría Josué.

“Cuando yo era pollo”, comenzó él, “trabajaba en la finca con mi viejo, como cualquier hijo de peón, y después de pasar unas cuantas horas en la escuela. No es que mi papá que estudiar era menos productivo, pero él siempre pensó que uno aprendía más rápido trabajando. Desde muy joven me enseñó a sembrar. Decía él que uno aprende paciencia esperando a la cosecha de café, maíz, yuca o arracacha. Aprendía uno también a distinguir las matas de la maleza y el rocío de la saliva de las brujas”.

Sí. Las brujas escupían en las hojas y había que estar muy alerta para no ir a tocar su saliva envenenada. Por las noches, las malditas se paraban en los techos de las casas, las muy arpías, como pájaros nocturnos acompañadas de los sonidos tenebrosos del currucutú y del chichíta.

“Tengo sueño”, anunció el Papito.

Mientras la madre llevaba el niño a la cama, Miriam vino a sentarse junto a Maribel para aferrársele del brazo cada vez que Josué y Deyanira cambiaban el tono de la voz o mencionaba el nombre de las terribles, criaturas que habitaban la foresta. Maribel sintió la sangre congelársele cuando Josué describió el valle, el mismo que se divisaba desde el balcón trasero. De día, era luminoso, mas de noche, un mar de negras sombras, como describía el narrador: sin luna, sin estrellas, sin esperanza. De día y mirado desde lejos, el río era una visión maravillosa. Una bella y vigorosa carretera plateada. De noche y escondido en la espesura, era una amenaza rugiente, una negra pantera lista a saltar sorpresivamente.

Un viento frío azotaba los árboles y silbaba en los oídos -mientras unas manos húmedas parecían acariciar los cuerpos asustados- canciones macabras que sonaban pájaros fantasmales en el lamento de los búhos, y otros pájaros nocturnos. La voz de Josué se oía cavernosa, como única compañía en aquel tormentoso valle cuyo fondo interminable era el río. Las dos hermanitas, cogidas de la mano, marchaban de prisa, antes de que llegara la media- noche, el momento en que los espantos serían los dueños de la noche y ellas caerían en sus garras sin esperanza de salvación.

De repente, cuando ya percibían la débil luz de la casita junto al río y respiraban un poco más confiadas, apareció delante de ellas una criatura.

“Un pichón”, exclamó Miriam encantada.

El animalito parecía un pollito extraviado. Lo siguieron. El pollo se acercaba por momentos y a veces se alejaba. A tiempo recordó Maribel lo que le había contado un día Amanda. “¡Es el pollo maligno!”, le susurró a su hermanita, “no es un pollo de verdad”.

Era la criatura nocturna que sustraía a los caminantes de su ruta para conducirlos hacia la profundidad del valle. Cuando se daban cuenta, estaban perdidos. Luego aparecerían muertos o ahogados en el río.

” No, no lo sigamos. Recemos. Si nos parece que está cerca es porque se habrá ido”.

“Es al revés”, la corrigió Miriam.

“No. Es así. Es un engaño”. Y se pusieron a rezarle al Ángel de la Guarda.

Ya parecían haberse salvado del avechucho, cuando un golpe persistente les hizo gritar: ‘¡La patasola!” y aterrorizadas salieron corriendo cada una por su lado.

El_valle_de_los_espantosMaribel corrió, el corazón saliéndosele del pecho, cayéndose, levantándose, llorando, rezando y de pronto percibiendo que su hermanita había desaparecido. Se le hizo un nudo terrible en la garganta, tan apretado que no le salían las lágrimas. ¿Qué le iba a decir su mamá?. Ella, la mayor, responsable de sus hermanitos menores, había sido cobarde. Había abandonado a su hermanita.

“¡Agmmandiel! Ayuda por Diosito a mi hermanita. Llévala sana y salva a la casa”.

El horrible y monótono golpe de la Patasola la persiguió hasta el río. La voz de Josué se escuchaba como un eco en la lejanía. Cuando ya se oían las cascadas y la corriente de agua rompiéndose en las piedras, surgió la figura grotesca de una mujer deforme, de cara diabólica y orejas puntiagudas. Aunque lloraba parecía burlarse de la niña.

“!Mi hijo, mi hijo!”, gemía la mujer alzando sus manos ensangrentadas. La niña reconoció a la Madremonte. Reía tan cruelmente que ponía los pelos de punta. Maribel gritó llamando a su hermana. Agmmandiel tampoco aparecía. Sólo escuchaba la voz de Josué sonando más cercana.

“No le pongas cuidado”, decía él, “podrías ser su próxima víctima”.

Josué estaba ahora en medio de la sala: “Todos tememos a la oscuridad. La clave es tener coraje para manejar el miedo y no dejar que el miedo nos maneje a nosotros”.

“¿Dónde está Miriam?” preguntó Maribel preocupada, temiendo decirle a su mamá que la había perdido en el Valle de los Espantos y deseando con toda su alma que hubiera encontrado el camino.

“Se quedó dormida y la llevé a la cama”, explicó su mamá. Maribel respiró aliviada.

“Gracias Agmmandiel”, y en el fondo se prometió nunca más dudar de su amigo.

“No dejes que sueñe con monstruos”, rezó a la Virgen esa noche.

Los cuentos de Josué y Deyanira eran dignos de guardarse en la memoria. Eran lecciones importantes para sobrevivir en esta vida. Historias que ilustraban lo bueno y lo malo, esas dos fuerzas con las que el ser humano debe luchar perennemente; tan diferentes entre sí como el día y la noche, y aun así parte del mismo mundo. Eran sabias historias contenidas en la mente universal, que los más jóvenes apenas comenzaban a explorar.

Maribel envidió a sus hermanitos por haber podido dormirse, aún después de escuchar semejantes relatos. Se quedó muy quieta en su cama, fija la mirada en la lámpara que alumbraba el cuadro de la Virgen, los ojos velados del cansancio, tratando de ignorar las sombras que se movían en su cuarto con rítmica inquietud. Pensando en si sería coraje la palabra mágica para resolver el enigma de Agmmandiel.

Crónicas del Juicio Final es el compendio de historias, experiencias y reflexiones realizadas a través del ojo crítico de la narradora, basados en la realidad, su realidad, la de otros, pura ficción o ficción pura, relatos nacidos de su relación con la vida, con los eventos, los sueños, las pesadillas, o con el plano espiritual. Para la formidable imaginación de esta escritora no hay dimensión desconocida.
Las narraciones en esta nueva colección son el producto de la labor intensa y el trabajo en progreso o in crescendo que refleja la evolución de GCHV como ser humano, como mujer, como emigrante, como educadora y como escritora. Desde Las Termitas, en cuyos cuentos reveló ya una sofisticada filosofía existencial, pasando por Opus Americanus en donde repite con certeza literaria sus conclusiones acerca de la condición humana; en Depredadores de Almas, la autora penetra en el instinto, se sumerge y trasciende las motivaciones del espíritu en su búsqueda de explicaciones a la conducta humana.

La literatura un tanto nihilista de GCHV, no alcanza a ser pesimista porque como ocurre en su vida, al final del túnel siempre encuentra una esperanza, un rayo de luz. Enmarcando este universo literario, (iluminado por una amplia gama musical y de colores) el yin y el yan, lo bueno y lo malo, la luz y la sombra, un universo lleno de para- dojas, de contradicciones, de contrastes. El cuento, la fábula, la leyenda, la semblanza, la ironía, el misterio, el horror, el suspenso, todos estos géneros y elementos se mezclan en una es- pecie de danza, en una fórmula fascinante y cautivadora. La música, toda mía, dice la autora en La Lira de David, y como en Sansón Melena, una historia inspirada en las bíblicas para explorar la realidad de una humanidad que se auto extingue obsesionada con la inmortalidad. En su caso, Crónicas del Juicio Final es la manera de afirmar esa existencia efímera y asegurarle al lector que su aventura apenas ha comenzado.

AKUM the Magic of Dreams

Review by Jorge Vélez

 

The Dimension of Children’s World

There is – in the general conception of AKUM the Magic of Dreams, a fundamental and coherent vision of submerged atmospheres, to which children offer their spontaneous loyalty because, within them, they achieve a gradual adjustment to the different profiles of an apparent world.

In this climax of discoveries and of deep subjectivism, the singular existence of Maribel, the protagonist is defined, first as adventure-game, then as experience, the roots of which give life to the self, and finally as knowledge, the dramatic process of uncertainty that places the human being in a historic and socio-cultural reality.

This treatment of concept and characters is always preceded in AKUM, by the impetuous vitality of childhood, interwoven with dreams, terrors and infatuations, the expression of a passionate socio-cultural environment rich in contrasts and contradictions. All of this, because of children’s exclusive powers, which make them spontaneous participants of Nature’s inventions: depositing its mysterious signs, its codes and metamorphosis not yet profaned.

The creative spirit allows the reader to fall for that dimension of childhood, the entrance through the wonderful gate that represents the initiate’s steps into other worlds, the transit to the mythic splendors- which begin to be named, assumed, at the same time that is being deciphered and incorporated between a conscious “to be or not to be” of the eager self: the core of a high alchemy which molds the individuality and the social self.

Here we have in short, a little bit of the temperature of high quality imagination backed, no doubt, by a solid intellectual formation, but above all, by great authenticity: this is what reveals their lively and vigorous piece of narrative by Gloria Chávez-Vásquez.

It is well known that the literary treatment of the materials that conform the varied and delightful universe of children conveys difficulty of technical order, rather hard to undertake. Yet, our author solves this problem with singular dexterity and handling of the language. With inventive audacity she recreates an atmosphere within the geographic context, one that is human, cultural and historical, where the memories of childhood mingle with the organic whole, the dreams, the legends, the superstitions, plus a court of gnomes and ghosts. The vision of deep telluric content and a folk soul – where play is mixed with drama, sarcasm with humor, reality with dreams and a desire for justice as well as a tormented effort to define the identity of a world- is an exquisite synthesis of anthropological signs, sublimated as great aesthetic dignity.

INTRODUCTION

akum2A child, Maribel, is the central character in which the author concentrates with extraordinary literary sagacity her own child memories. She achieves a limpid tone, warm and suggestive, by means of which the reader is transported to a kingdom of the real-marvelous, in the middle of the home environment. There, the objects bring memories of past generations that are trying to condition the patterns of behavior of younger generations. All these mixed with a gallery of leprechauns, gnomes, legendary creatures that in the childhood of humanity represent the spirit of the natural forces.

 

In a moment of unrest and upset by the waves of her imagination rather than for the incomprehension of the adults, Maribel, the young heroine, initiates contact with those intimate secrets of nature through a fairy tale book. And she gives start to her adventure: the splendid reality in some sort of magic establishes the dialog between the child and the fabulous. In the course of the narrative, a transparent climate results, where everything is natural, fulfilling. The world of dreams, the imagined and real characters, mixes without artifice because deep inside, Maribel has started to understand that the essential meaning of life resides in the capacity of the human beings to integrate in the contradictory unity and diversity of Nature.

Finally, we call the attention on three aspects that define the qualities of Gloria Chávez-Vásquez as a writer:

First, the equilibrium of her language established by virtue of a transparent verbal movement, rich in poetic findings. Her vision as communicative vehicle and instrument of an expressive individuality. Because in her narrative, words exercise their revealing mission of the underlying essences, in the back of a reality and the interaction of cultural-environmental and social dynamic.

Second, the organic and well articulated conception of the story in which the children’s universe is recreated without omission of any of the essential features of the particular that is realized in the universal: filial feelings, moral values, the encounter with solidarity and friendship, love and procreation. All of this, interwoven with adventure in the course of which the imagination opens up to the vertiginous movement of a reality that, because it is innate, it has the genesis power to mold behavior, and, at the same time transmits the vital charge fed by the magic vision and the ludic splendor.

Third, the perfect formula that constitutes the animated gallery of characters, real and imaginary, sprang from the personal and ancestral remembrances. The story integrates an organic whole, the children’s world and the family circle of grandparents, parents, cousins, aunts, siblings and flowers, plants, fruits, animals, water, minerals etc. All these elements concentrate in time and space in a highly humanized environment that the author sculpts masterfully with her skillful treatment of the literary technique. The author handles her trade tools without artificial rhetoric. The result is a clean cut and wonderful dark-light design: the eternal landscape of the children’s soul.

225 pgs price $14.95 US whiteowl.editions@verizon.net

The Goldseekers

They walked deep into the forest. Each tree, plant, herb and flower seemed to Maribel a part of the exotic vegetation in the rainforest, which was contained in the book of unknown species.

The flickering candlelight barely competed with the moonlight, but it had the power to unveil, if momentarily, the figures of night birds, creatures of color invisible to the human eye. Forest animals rested, tucked in damp earth holes or in their cozy nests. Some breathing shadows appeared and disappeared in flashes on the path ahead. Others, more cautiously, were camouflaged in the massive blackness. The noises were an impressive yet necessary addition to the equally scary sights.  Maribel was already sorry she had been so curious.

“We better go back,” she whispered to her companions.  “It’s late and tomorrow is the first day of school. We could come back some other time.”  They obviously didn’t hear her, but when the night birds perceived her voice, theirs exploded in a single and mysterious chant. There was no sign of an end to their journey. One sound in particular made her wish she hadn’t been there.

“Sssheeesheeeetaaah!” She almost fainted.

“Those are the crickets, ya fool!” Tooth tried to calm her. The old man, who mumbled endlessly,began a story that captured Maribel’s attention.

“A long time ago, we gnomes were free to roam the land. There were passages all over the world.  Well, almost all over.  There were places where people kept closing the exits. So they forgot all about us. Nevertheless we kept on digging passages. The old paths were so beautiful that  the most respectable creatures were very willing to share our adventures. Eventually, when human societies grew more complicated, we began sealing the entrances and exits to protect our secrets and ourselves. We lost communication with the fellowship in faraway places we used to visit in a short time.”

“Even so, we managed to keep on journeying. But there are many  other reasons people don’t see gnomes any longer,” concluded Longtooth.

“Poor little things!”

“Dontcha pity us,” retorted Longtooth. “We are still the keepers of nature’s secrets. We are still willing to share with the wise. Those who lost contact with us became so mediocre they have no reason to live.”

“And why don’t you open new entrances?” she asked.

“It ain’t so easy,” responded Chi.

“The problem started,” explained Longtooth, “when Yodín’s Three Books were stolen. They kept the formula of the seven powers.

“Who is Yodín?” she asked, her interest now piqued.

“He is the universal guardian of knowledge. One of the masters of the fellowship.”

“Fellowship?” The word sounded mysterious to her.

“The White Feather fellowship. A fellowship made up of wise sorcerers, magicians and special humans,” replied Longtooth.

“Who stole the books? the girl asked.

“One of his apprentices. They said he stole them to give them to an ambitious man who planned to conquer the world. He had promised to share his power over men.”

“What happened then?”

“They betrayed each other,” said the gnome.

“For it is written in Yodin’s book: evil destroys itself,” said Chichi reciting a well learned lesson.

“Where are these books?”

“Two of them were rescued by Akum, a warrior prince of the Chibcha race, who in gratitude, Yodín named Great Guardian of these lands. But there is one book missing therefore Yodín never entrusted the books to anyone. Every time there is an accident such as this, we must start by undoing the stupidity of greedy humans. But I have said enough.”

“We will make her forget so she won’t remember,”said Chichi.

“But I have a good memory,” she said, prompting  the gnomes’ smile.

“What does Agmmandiel look like?” Maribel asked as the gnomes arrived at a spot in the land surrounded by trees.

“Ya’ll see, when he shows up,” said Longtooth demanding silence. He examined carefully the circle surrounded by tall trees and then listening, he cleared his throat and stamped his right foot three times. He then produced an acute whistle which seemed native to a strange bird, not a small gnome. The wind put out the candlelight and the moonlight prevailed.

As if responding to this ritual, a whirlwind arose from the ground, circled the trio and began to glow as if the soil was suddenly transformed into stardust. A mysterious energy irradiated everything in view. A silent explosion, followed by a spectacular celestial mixture of green and blue, emitted the enchanting figure of a bird. Its incredibly beautiful feathers covered endless wings. A dazzling crest of silver and gold led into an infinite tail which took the colors of the spectrum of light. When the bird completed its transformation, ¡t ascended from a tremendous height, at phenomenal speed. The moonlight appeared dimmed by the lunar blue. The bird reached an unseen point, descending as a fantastic metamorphosis began to take place.

The bird had transformed itself into an Indian boy of unusual beauty. His raven black hair was covered with a lace of tiny white flowers. A necklace of bright-colored beads hung from his neck. He wore a white loincloth and delicately woven alpargatas. At a given time, the boy, who appeared to levitate, jumped onto a branch where he sat with a mischievous attitude.

“Greetings my fellows of the woods,” he giggled. His radiant, amber eyes shined like fireflies in the dark. Maribel was trying to figure out whether he was an elf, an Indian or both, when suddenly the boy started to recite a charming riddle:

I’m the spirit of the forest
Nature’s spirit of all love
I’m the guardian to all children
I am here and I’m not.

Agmmandiel lives in the roses
in the flowers and the plants
I give shape to noble metals
gold and silver with my hands
Agmmandiel smells like a flower
Agmmandiel flies like a bird
Agmmandiel serves the Wild Kingdom
and yet no one is aware!!!!

“Nobody but us, punk!” replied Longtooth, at one point crossing his fingers as if pretending to secure theboy’s presence.

“Let go, ya evil gnome!” Agmmandiel screamed in pain, covering his cars with his hands.

“Let go, señor Tooth,” begged Maribel to no avail as the gnome carefully monitored his victim’s every movement. The boy was no taller than Maribel.

“lt’s time ya let us know the answer to your silly riddle. lt’s urgent we meet Akum!” demanded Longtooth.

“The answer to his riddle is the clue to Akum’s mountain,” explained Chichi to a confused Maribel.

“But what does it mean?” She could hardly remember the words, let alone its meaning.

“We don’t even know. He won’t give it to us and we cannot figure it out.”

“Promise that ya’ll give us a hint,” requested Longtooth with a mean look. “That ya’ll play no trick on US.

“I promise, I promise! But let go of my ears!”

When Tooth uncrossed his fingers, Agmmandiel was relieved. But then he acted most upset:

“What is it that ya want ya evil gnome?”

“The guacas ya hide from us?” said the old gnome.

“‘Ask the one who stole Yodin’s book” answer the boy.

“We have nothing to do with that! ” exclaimed Tooth.

“But your foolishness makes ya vulnerable to evil!”

Longtooth was about to renew his torture when Maribel intervened.

“No more, please Do you like it when they force you to do what you don’t want?”

”Who is this girl? What is she doing here?” asked the boy.

“She wants to meet Akum,” tooth said ironically.

“Not impossible” said Agmmandiel. “lf she can see us she must have a talent, but we should find out what it is?”

Casting a spell with his magic arts he produced a two-legged branch which appeared first suspended in the air and then dropped at Chi’s feet.

“Better than a map, I give ya this device. All ya have to do is follow yer instincts. But if ya don’t follow the rules ya´ll never find another guaca in these lands again.”

“Thank ya, thank ya little brother,” said Chi, picking up the branch.

“Watcha wanna see Akum for” Agmmandiel turned his attention to the girl while floating down the tree.

“She’s really looking for magic powers,’” Tooth warned him.

Agmmandiel laughed all the way down. When he landed near Maribel, he looked directly into her eyes. He seemed very serious when he spoke to her-. “Nobody has access to those secrets any longer. Not even us. Yodin has warned us: the next time we give powers to humans we’ll be condemned to serve the stones.”

“l don’t want any magical powers,” said Maribel. “l don’t want to get you in trouble or anything. My only wish is to do the right thing so that people understand me once and f or all!

‘lt’ll be easier if ya try to understand them,” said Agmmandiel.

‘But it seems that there aren’t nice peopie. Even in fairy tales.”

“Not true!” protested Agmmandiel, with support from the gnomes.” Ya should learn to tell right from wrong in the first place. Didn’t yer elders teach ya that?”

“Or is it that yer looking for wisdom?” Agmmandiel concluded with a smile. “In that case l see it possible that ya have the talent Akum is looking for.”

To further confuse the girl, Longtooth resumed his habitual harshness: “But first ya have to solve the riddle.”

“What riddle?” asked the girl in defeat.

“The riddle!” Chichi reminded her as if it were public knowledge. Agmmandiel chanted the poem to refresh her memory.

“But… what am I suppose to say?” asked the clueless girl.

“A word. The word that started to all his nonsense,” replied Longtooth sharing her frustration.

“One word? And if I guess it then I’ll be able to see Akum?” she asked with hope.

“When ya find it, ya must say the word before the Bridge of Illusions,” he said.

“The bridge of what…”

“‘The one that leads to Akum’s mountain of course” said the very amused elf-boy.

lt all sounded like the greatest adventure ever, but nothing she could consider without her parents’ permission.

“I’ll be delighted to be your guide. Akum needs help from people like ya” laughed the boy. Maribel couldn’t tell whether he was serious or making fun of her.

“This punk is up to something,” advised Longtooth. But Maribel felt she could trust him.

She didn’t know what to think. How many letters does this word have? Was it as easy as Hang Man? She was a champion of that game. Or was it as logical as a riddle? Somehow she was more puzzled by Agmmandiel’s hypnotic eyes, which reminded her of Micifú, grandma’s Angoras cat. And hadn’t she seen the flowers crowning his black straight hair in Mamita’s greenhouse? And the splendid feathers of celestial birds, hadn’t she dreamed … ?

“Child, we must go before the rooster wakes up,” announced Tooth in haste.

Agmmandiel faded away before her eyes. The image of the boy completely blended into the woods and a squirrel appeared in the same spot he left vacant. She turned around looking for the gnomes but they too had vanished. She stood there al¡ alone in the middle of the forest. There were not even noises or strange sounds anymore, except for the rooster’s chant.

“Wait, Tooth,” she called. She wanted to tell them about the dry milk. She wanted to confess that there was no secret to it. She could get some from her kitchen any time she wanted. She felt comforted when she realized they had taken the cup. She had only the light of dawn to go back home.

The solar rays coming through the windows announced the first day of school. Maribel woke up in her bed trying in vain to remember her dream.

The Valle of Ghost

“Could you give us one of your children?” -said the handsome young man at the door. He was accompanied by a beautiful young woman. Their presence made Herminia smile.

Josué and Deyanira’s visits were as unexpected as they were mysterious to the children. The couple, who had been unable to have the child they wanted so much, frequented their house just to have a sense of a large family. The children called them tios and no one questioned their relationship. Relatives or not, they were two exciting grownups to be around.

Josué was a construction worker with the voice of a radio announcer and the looks of a movie star. This gave relevance to his words. He might as well have been a poet, but her mother said this would have been considered vagrancy and Josué and his wife would have starved to death. Deyanira reminded her of a fairytale siren Maribel had seen in a storybook. She had long wavy hair, white porcelain skin, and a small but well formed body. She was a most pleasant woman, always by Josué’s side, supporting his stories, providing the background sounds, commenting on them. They had married quite young and still acted as newlyweds. Not only did they enjoy children’s company but they seemed to be having a lot of fun together.

“Choose the one you like,”  answered Herminia while inviting them in.“Let me see,” he said, studying the children’s faces and turning to his wife. “Deyanira, “ who would you like?”

“Let me have a little girl,” she said.

“Someday you will know how it is to bring up kids,” Herminia complained,” then you will come back begging me to take yours.”

The kids all sat around the couple, wondering whether their mother would send them away. Maribel, Miriam and Papito didn’t dare to move. They feared their mother’s decision or, worse, her announcement they had to go to bed. This meant missing Josué’s horror stories.

“When I was just a chick,” he began, “l worked at my old man’s farm, just like any other laborer’s son, for a few hours after school. Not that my father believed studying was less productive, but he always thought we learned a lot faster by working. He taught me how to sow very young in life. He said, “you learn patience while waiting to reap the coffee beans, the corn, the yucca and the arracacha.” You also learned the difference between a plant and a weed and, most important of all, to differentiate between morning dew and witches’ spit.”

“Yeah, witches spat on the leaves and you would have to be mighty careful not to touch the poisoned saliva. Because if you ever did, you’d be in their power for the rest of your life. At night, the darned beings stood on the roof of the houses, the shrews ever vigilant like night birds, accompanied by the gloomy sounds of the coorrocootoo and the sheeshectah.”

‘I’m sleepy,” said Papito.

While their mother brought the child to his bed, Miriam sat closer to Maribel and grabbed her arm every time Josué and Deyanira switched voices or mentioned the name of the terrible creatures of the forest. Maribel felt her blood freeze when Josué describes the valley, the same they saw from the back balcony. While there was sunlight, ¡t was the valley of light, but when the night fell, a dark sea of shadows appeared like the one describes by the storyteller: no moon, no Stars, no hope. At daylight and from afar, the river was a wonderful sight. A magnificent vigorous road of liquid silver. At night and lost in darkness, ¡t was a roaring threat, a black panther ready to jump when least expected.

Cold winds whipped the trees and seemed to whisper in their ears. While wet hands seemed to caress their trembling bodies, the chants of owls and other night birds resembled eerie songs. Josué’s voice sounded hollow, their only companion in the tormenting valley whose endless depth could be filled by the river.

The two little girls, holding hands, walked fast. Lt was almost midnight, the precise moment when children could fall prey to the evil lords of the night. Suddenly, when they could see the weak light of the riverhouse and began to breathe with a little confidence, a creature appeared before them. ‘A chick,’ a charmed Miriam said.

The little animal seemed like a lost chicken at first. They started to follow it. At times, it seemed close, far at others. Maribel stopped short, remembering Amanda’s tale. “It’s the evil chick!” she whispered to her sister. “It isn’t a real chicken.’ It was the night creature that tricked transients from their paths and led them into the valley’s depth. When the victims realized what was happening, it was too late. Their bodies would be found and people would assume they had died of a heart attack or drowned in the river.

“Don’t follow it. Let’s pray. lf it seems close it’s leaving,” said Maribel.

“No, it’s the other way around,” Miriam corrected her.

“No, it’s an illusion,” insisted Maribel. They prayed for their guardian angels’ help.

They seemed to have escaped the avechucho, when a persistent pounding made them scream. “La patasola ! ” and they ran in terror.

Maribel ran, her heart beating as if it was going to explode. She fell, got up, cried and prayed before realizing her younger sister wasn’t around any longer. She felt a knot in her throat so tight it made her swallow her tears. What was she going to tell her mother? The eldest sister, responsible for the well being of the youngest ones, had been a coward. She had left Miriam behind.

“Agmmandiel!” she called. “Help my sister for goodness sake! Help her get home alive and well! “

The horrible and monotonous banging of the one-footed-creature followed her all the way to the river. She could hear Josué’s voice at a long distance. When she heard the water’s current against the rock and the waterfall, she saw the figure of a grotesque and deformed woman. She had pointed ears and an evil face.

“My son! My son!” she moaned while showing her bloody hands. The girl immediately recognized the Madremonte who laughed so cruelly her hair raised. Maribel yelled for her sister. Agmmandiel was nowhere in sight. She heard Josué’s voice though. This time he sounded closer.

“Don’t pity her,” he said. “You could be her next victim.”

Josué stood there in the middle of the living room: “We all fear darkness. The key is to have courage to drive fear, not to let fear drive us.”

“Where is Miriam?” She was worried. She was afraid to tell her mother that she had lost her in the Valley of the Ghosts. She wished with all her heart that her sister had found her way.

“She fell asleep and I put her to bed,” her mother told her.

Maribel took a deep breath and immediately felt better.

“Thanks, Agmmandiel,” she said, promising never again to doubt her friend.

“Don’t let any monster in my dream,” the girl prayed to the Virgin that night.

Josué’s and Deyanira’s stories were worth keeping in her memory forever. They were lessons in survival, stories which depicted good and evil, the two forces human beings must encounter, as different from each other as day and night, yet part of the same world. They were stories of wisdom container in the universal mind which the young ones were beginning to explore.